Mi reino por un sombrero

Si a mí me hubiesen dejado elegir, habría nacido en los años 20 (del pasado siglo). Claro que reconozco que esto lo tengo idealizado y no soy objetiva en absoluto. Los coches, los trajes de ellas, los tocados, los sombreros… Los sombreros. Mi reino por un sombrero de los felices años 20. La elegancia natural y no artificiosa por muy artificioso que nos pueda parecer hoy un sombrero.

He ido a ver la última película de Woody Allen: Magia a la luz de la luna. Como segunda opción, lo reconozco. Un error de hora impidió que entrase en la sala de la superproducción y entre el resto de posibilidades estaba ésta. Dos amigos que acababan de verla salían desperezándose después de hora y media de plácido sueño en la butaca. Pero a mí ya me había picado el gusanillo y las críticas negativas no me hicieron cambiar de idea.

Con Woody Allen tengo una especie de esquizofrenia cinematográfica. O me encanta lo que hace o no me gusta en absoluto. A veces pienso que es mejor músico que director de cine. A veces pienso que ni lo uno, ni lo otro. Pero también hay ocasiones en las que me reconcilio con él. Y me río. Y me lo paso bien. Lo siento, pero últimamente no todo el mundo puede decir que se lo ha pasado de fábula durante 97 minutos seguidos.

Con una puesta en escena de las que consiguen acunarme en el universo mágico de la Francia de la Costa Azul, de las casas de ensueño, de los trajes maravillosos, de los entornos resplandecientes, Colin Firth pone el punto de cocción atinado y Emma Stone se aleja de la guapa de manual para hacer transcurrir una comedia sin grandes pretensiones, que creo yo que lo que intenta es derribar la coraza de la racionalidad que muchos se autoimponen, para hacerle hueco al sentimiento, a lo imprevisto, a la necesidad de un después y un algo más trabajado desde el alma.

No le pido nada más si ha conseguido que me olvide por un rato de las miserias y bajezas de la vida supuestamente racional que llevamos. Seguramente no será la película por la que Allen pasará a la historia del celuloide, pero en este momento es un punto y aparte muy higiénico que no vendría mal que muchos tuviesen en cuenta no sólo en el cine, sino en tantas y tantas realidades.

Por eso, estoy segura de que si me dejasen elegir, me iría ahora mismo a los años 20. ¿No dicen que eran felices?

Magia

 

2 comentarios sobre “Mi reino por un sombrero

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