Cuando volvió a llover

Le arrancaste de las manos el megáfono y gritaste: ¡¡Fuera todos!! ¡¡Largo de aquí!!

Cabizbajos, tristes, pensativos, se abrocharon las chaquetas. Abrieron los paraguas al salir a la calle. Volvía a llover como hacía tanto tiempo que ya casi no se recordaba. Y bastaron sólo unos minutos para que el caos de barro colapsase la única salida.

Esperé a que todos se hubiesen ido. La tormenta arreciaba. Hacía frío. Se abrió de nuevo la puerta y allí estabas tú. Desencajado. Furioso. Te miré. Nos miramos.

Yo estaba empapada. Caía el agua a chorros. Estaba quedándome helada. Me sonreíste.

De pronto me empecé a sentir mejor. El agua dejaba paso a algo más viscoso, más templado. La sangre se mezclaba con la lluvia. Te devolví la sonrisa mientras sacaba el cuchillo de mi estómago.

Caí al suelo. Primero de rodillas. Después el resto del cuerpo.

Creo que gritaste… Pero no me acuerdo.

 

 

 

 

 

 

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